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Naturaleza y paisaje
Escasamente a tres kilómetros del casco urbano de Llíria se encuentra su manantial ancestral de riqueza y de vida: una fuente de agua que mana de manera natural
No en vano los romanos erigieron aquí un templo dedicado a las ninfas (diosas del agua) y los cristianos construyeron en el siglo XVIII una ermita dedicada a san Vicente Ferrer. Al lado de una olivo centenario (árbol sagrado de los romanos), este padre dominicano, el año 1410, cuando fue reclamado por los lirianos para ayudarlos a superar la crítica sequía que sufrían, al pronunciar estas palabras el agua de la secada fuente: "Crecerá y menguará, pero para beber no faltará".
 
 
Visita imborrable por la que, en reconocimiento perpetuo, nombraran la fuente del Ullal Mare, de donde les provenía secularmente el agua, con el nombre del fraile dominicano. Actualmente el paraje es conocido como el Parque de San Vicente. Desde la misma fuente nace la acequia Mayor, continuadora de la red de agua romana que riega la huerta vieja liriana.
 
El paraje es botánicamente muy rico donde se mezclan especies diferentes. Hay numerosos olmos, entre los que destaca uno al lado de la ermita fechado en la revolución de 1868. También se encuentran acacias que en primavera dan blancas flores perfumadas. Chopos, eucaliptos, plátanos de sombra, sauces, cipreses y pinos (símbolo de la inmortalidad) que dan al paraje una especial atmósfera de serenidad y de espiritualidad. Completan esta frondosa vegetación, centenarios algarrobos y olivos. Hay que destacar también la fauna acuática, compuesta sobre todo por tencas. Estas comparten el espacio con aves acuáticas como patos de diferentes especies. Entre los numerosos árboles saltan simpáticas ardillas y vuelan vistosas palomas.
 
La Concordia es un sistema montañoso que pertenece en la sierra Calderona (primeros contrafuertes del sistema Ibérico). Se encuentra a 15 km del casco urbano en dirección a Alcublas.
 
Presenta una biodiversidad muy rica con una vegetación característica del clima mediterráneo: carrascas, coscojas, pinares y matorrales de romero, brezo y lentisco que inundan el paisaje hasta el horizonte. Recorrer la Concordia supone, además de un viaje por la naturaleza, un viaje por la historia, porque ya los iberos edetanos habitaron el paraje. El yacimiento del Castellet de Bernabé nos muestra in situ la forma de vida de un caserío ibérico dependiente de Edeta. Más cerca de la actualidad, la Concordia nos ofrece excelentes muestras de arquitectura rural.
 
Al recorrer las rutas de la zona encontraremos la Masía de los Frailes, la Casa de Campo o la Masía del Juez entre corrales, masets y aljibes de explotación de este inmenso territorio que sorprende a cualquier viajero que se introduzca.
  • Caseriu ibèric

 

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